Luces

Alzo la frente para contemplar las estrellas, que aún estan allí.
Me miran y saludan como asentiendo con la cabeza.
Los perros se rascan las pulgas (¿se les subirán por la lengua?,
igual ellos no pueden escupir) y sueltan bocanadas de aire por la nariz.

Se acaba el café, los bombillos alumbran sin pena
lo que encuentran a su paso.
Y acá yo empiezo el día, más temprano de lo normal.
Con una paz inquebrantable, apesar de todas las cosas
que tengo pendientes por llevar a cabo.