Ayer soñé que asesiné a alguien.

Eran desconocidos casi todos para mí, estabamos en un salón de clase,
en una clase aburrida y de repente un chamo saca una pistola
y la coloca en la mesa, yo se la pido prestada, la veo, la muevo,
le pregunto que si está cargada.
Me dice que sí, entonces nada pues, empieza tú sabes,
la cuestión en el aire… que si te empiezan a mirar
con el revólver en la mano y tú eres Charles Bronson.

Nunca he agarrado un revólver en mi vida.
Se hace difícil acordarse de un sueño,
una vez que ya te levantaste de la cama.

Volteo y allí está, alguien por quien sentí en ese momento mucha ira,
no recuerdo su rostro. Me agrada pensar que esa persona representaba todas mis molestias, mis problemas.
Digo, como para sentirme menos culpable.
Llegó alguien desde atrás pendiente de tomarme una fotografía sosteniendo el arma, en plan de “pal recuerdo, jeje”
y después la llevó a la policía.

Lamentablemente ya no se puede confiar en nadie, ni en sueños.
Muchos de los cuchillos esperan su momento
para darse a conocer en mi espalda.

Seco, el sonido, más que en las películas.
Ensordecedor. Gris. Mudo todo.

Un sólo grito. los gritos venideros entran al mundo
como si llegasen desde otro tipo de gravedad
hasta que los empiezas a escuchar.
No sentí remordimiento. No sentí culpa, sino hasta después,
días después, cuando no puedes deshacer lo que ya hiciste.

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