Ese mundo en el que un roce de manos
y miradas llevaba a algo sexual

Pudiera escribir al mismo paso del fluir
de las ideas, pero me faltagilidá en las manos,
no sé si sostener el cuaderno, o los tweets
acumulados, no querías, no quiero nada.

Nos distrae Gondry del desastre, del moho
de la corrosión del deslave que tumba el rancho,
el lago que toca tu puerta, que no es tanto culpa de Fonseca
ni del gordo ministro que no saluda pero sí castiga,
con extensa impunidad, dando su mísero
gramo de tierra para este desahogo gramaticall.

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