Trató de pavimentar, pensando que existiría una calle.
Sobre el título de la avenida reposaba intacto, seleccionando los recuerdos a flote,
el punto recordó el cilindro nicotinoso dentro del bolso
y agradecí el poder de no querer tomar uno, ni hacerlo.

El cuento se desgarra en los mordiscos de un perro,
el sufrimiento es una absurda perdición,
el terror te salva a ti mismo de la incoherencia de lo que hablas.

Imagina eso, un sitio lleno de tácito rencor,
de latente incongruencia, total, todo depende de cómo reacciones,
de cómo te comportes, de lo que seas, pienses y hagas,
pero más aún de lo que haces con ese poder.

¿Cómo salvo yo al mundo de sí mismo?
Sempiezaporuno

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